Hace unos meses una amiga durante una comida me contó que se marchaba de su trabajo. Su jefe le había propuesto participar en un juego al que ella se negó y, directamente, la cesó.

Cuando ella me contó lo que había pasado no dudé de su palabra, en ese momento sentí rabia. Ahora que tengo un conocimiento mas exhaustivo del tema mi sentimiento es difícil de describir: rabia, impotencia, indignación y, por qué no decirlo, sorpresa.

Sí, sorpresa, al ver que sigue habiendo, en pleno siglo veintiuno, hombres que desmerecen ser llamados como tales, abusando de la forma mas vulgar y soez de su puesto en el que han sido colocados por “favores al partido”, siendo curiosamente representante de la parte liberal de este, de la igualdad de la mujer, y, en este caso, haciéndolo por toda Europa.

Este “señor”, de alguna forma tendremos que llamarlo, que en las reuniones con sus cachorros en las Delegaciones Europeas, después de haber consumido buenas cantidades de alcohol, entre las risas de los suyos hace descripciones exhaustivas de cómo atacar a sus victimas mientras todos asienten “al jefe hay que reírle la gracias no vaya a ser que nos envíe a otro sitio y perdamos algo”.

Este señor de quien todos conocen desde hace años su forma de actuar, que tiene victimas por todos los departamentos por los que ha pasado, sigue ejerciendo su cargo sin más.

Las que se marchan son ellas, las que tragan son ellas, las que sufren la indignación, los abusos, las burlas, sobre quienes recaen las dudas de su integridad tanto laboral como personal son ellas.

Y no pasa nada, él sigue en su puesto, y, cuando no, en el bar que hay frente a su oficina, tranquilamente esperando que traigan otra nueva mujer para volver a atacar.

Su forma de actuar es la de un acosador sexual experto, tiene todo controlado y así durante años.

Me pregunto cuántas mujeres habrá que hayan sufrido su acoso, y cuántas tiene que haber más para que alguien le diga a este “señor” que esto se terminó, que el derecho de pernada hace mucho que dejo de existir. ¿Cuándo alguien de su institución creerá a estas mujeres y por fin se hará justicia?

No servirá que le cesen de su puesto, que le cambien de destino, seguro que allí seguirá habiendo victimas nuevas a quien acosar.

Todos lo saben, y todos callan. Y lo malo es que las victimas también callan, tienen miedo. Cuando sucede un caso de estos no se tiene que probar que él ataco, las victimas siguen siendo ellas defendiendo el derecho a su integridad. A ellas se les señala, se les dice que él tiene mucha mano y no sería conveniente arremeter contra él, que hay que estar muy fuerte emocionalmente para aguantar el chaparrón de insultos que le caerían si esto saliera mas allá de las puertas de la corporación, en la que, por cierto, predominan los hombres y esto se considera “normal”.

Señores y señoras del PSOE, como consienten tener entre sus representantes un espécimen como es. ¿No hay nadie en el partido que se preocupe de que éste siga siendo un partido integro? Tenemos una vicepresidenta del gobierno pero siguen estando seres tan abominables como éste entre ellos, que, por qué no decirlo, “se ríe de las mujeres”.

Yo podría hacer lo que hacen la inmensa mayoría, dar la vuelta y mirar para otro lado, que es lo más cómodo, lo mas práctico, no da problemas, que ellas solucionen sus asuntos. Pero en ese momento pasaría a formar parte de los cachorros de este “señor”, y me niego a hacerlo, me daría asco a mi misma.

Lo que realmente siento es vergüenza. En primer lugar por en su momento no defender a mi amiga como debía haberlo hecho, tenía que haberla ayudado mucho más. En segundo lugar por pensar que en algún sitio, sólo por el hecho de ser española, alguien me asocie a este tipo de personaje.

Curiosamente este señor tiene una hija joven. Me pregunto si algún día ella le contara a papa que su jefe es como él ¿Lo aceptaría? ¿Dudaría de su hija? ¿Le diría que estas cosas pasan y que seguro ella hizo algo para provocarlo? Nunca lo sabremos, aunque espero que ella no tenga que pasar por hechos similares, ya tiene bastante con tener un padre así.

En estos momentos deseo poder dormir a gusto sabiendo que, por lo menos, este “señor” esta fuera de la circulación. Realmente desearía que todas las victimas fueran capaces de ir a un juzgado juntas y denunciar una a una sus experiencias. Seguramente serán muy similares, mismo método, mismos diálogos, mismos sitios, mismas promesas, mismas represalias….

Es difícil, pero tengo que pensar que va a suceder, quiero tener esa esperanza.